Las ventanas, y los ventanucos también, tienen su razón de existir en tanto que permiten que la gente mire a través de ellos, o que la luz entre a través de ellos, no a ser observados por sí mismos. De ahí su soledad, mitigada solo por unos compasivos cables y cajas telefónicos, además de algún bajantes. ¡Quién iba a decir que tanto horror tuviera algo a su favor!
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