La degradación a veces llega a ser, si no bella, cuando menos pintoresca, aunque quizá debería decir fotogénica. La pátina de óxido que va cubriendo, lenta pero implacablemente, el portalón metálico; las hierbas que brotan de cualquier resquicio libre de revoco, siguen su curso. Es el devenir en estado puro, si puede ser puro lo que se está descomponiendo.