La caída de la tarde casi siempre suele depararnos sorpresas, sorpresas visuales, se entiende. Los edificios, aplanados por la luz excesiva y la sombra profunda durante las horas centrales del día, muestran ahora sus detalles contructivos, más allá de su volumen y forma; las sombras esbatimentadas proyectan, pero no cubren; las cosas son, pero no imponen su ser.
Cada día de 2011, una imagen comentada a modo de almanaque visual. Para que el paso del tiempo no acabe siendo solo tiempo pasado, sino también recordado, es decir, revivido.
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lunes, 18 de abril de 2011
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