Toda puerta cerrada constituye un enigma, supuesto que apela al más allá, no al celestial, claro está, sino al estrictamente terrenal. E incluso cuando sabemos qué hay tras ella, el margen para la sorpresa es muy grande; la incertidumbre, lo imprevisto, puede concretarse en cualquier momento. Ponerse la chaqueta y lanzarse a abrir la puerta es seguir la llamada de la aventura. La lástima es que lo hacemos tantas veces al día, que la aventura se ha vuelto rutinaria. Trágico.
Cada día de 2011, una imagen comentada a modo de almanaque visual. Para que el paso del tiempo no acabe siendo solo tiempo pasado, sino también recordado, es decir, revivido.
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martes, 15 de noviembre de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
Cuestión de horizontes
Otear el horizonte no es una cuestión banal, sino una postura ideológica. En principio, requiere una cierta sensibilidad el apercibirse de su misma existencia; una vez captado, puede concebirse como un horizonte bajo, en el que el observador deja enseñorearse a los celajes, dando importancia a lo etéreo, o bien un horizonte alto, en que lo terrenal campa por sus fueros. Es la dicotomía de siempre...
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