Estoy en el castillo de Peñíscola. Oteo a lo lejos: el horizonte nos comunica que se acerca una borrasca. Lejos de apresurarme a buscar cobijo, sigo con mi visita a las dependencias del que fue hogar del papa Luna. Es verano, y como casi todo en esta época, la borrasca es solo un amago. Parece como si el calor convirtiera en ficción los brotes de realidad.
Cada día de 2011, una imagen comentada a modo de almanaque visual. Para que el paso del tiempo no acabe siendo solo tiempo pasado, sino también recordado, es decir, revivido.
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sábado, 9 de julio de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
Cuestión de horizontes
Otear el horizonte no es una cuestión banal, sino una postura ideológica. En principio, requiere una cierta sensibilidad el apercibirse de su misma existencia; una vez captado, puede concebirse como un horizonte bajo, en el que el observador deja enseñorearse a los celajes, dando importancia a lo etéreo, o bien un horizonte alto, en que lo terrenal campa por sus fueros. Es la dicotomía de siempre...
lunes, 3 de enero de 2011
La desmesura de lo antrópico
El horizonte que dibuja la montaña de Sant Llorenç del Munt es casi tan espectacular como el de su hermana, Montserrat. En ambas se yerguen poderosas masas de conglomerado, limpias de vegetación y fuertemente erosionadas. Pero lo que no pudo destruir ni el viento, ni el agua, ni la nieve, lo están consiguiendo los humanos a base de zarpazos de alquitrán y cemento armado. Ya han herido de muerte la falda de lo que aún se atreven a llamar "parque natural". Será natural para quienes conciben la destrucción consustancial a la Naturaleza.
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