Las tardes borrascosas como las de hoy son una fiesta para los fanáticos del blanco y negro. Los colores, carentes de la suficiente luz, se apagan; el entorno se traduce en una gama de grises más o menos tenues, debido a la lluvia y a la humedad; los charcos se convierten en inesperados espejos que juegan con la luz y las formas. Esta fotografía está tomada en color.
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