Así como las tomas en contrapicado se nos antojan más o menos naturales, supuesto que a menudo inclinamos la cabeza hacia arriba para observar cualesquiera cosas que están a más altura que nosotros, las vistas desde un ángulo nadir, o contrapicado extremo, son ajenas a nosotros, salvo que nos tumbemos boca arriba en el suelo. Así, los límites de nuestra anatomía determinan los límites de la naturalidad.
Cada día de 2011, una imagen comentada a modo de almanaque visual. Para que el paso del tiempo no acabe siendo solo tiempo pasado, sino también recordado, es decir, revivido.
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sábado, 17 de diciembre de 2011
domingo, 20 de marzo de 2011
Ángulo nadir
Es de perogrullo decir que todo depende del punto de vista desde el que se mire, pero cuando se opta por captar una imagen con un ángulo nadir, es inevitable recordárselo a uno mismo. Es este un ángulo que nos da la auténtica medida de los humanos: siempre minúscula. Tumbarse boca arriba y mirar lo que tenemos por encima, con frecuencia ignorado, es un magnífico ejercicio espiritual. Y visual, cómo no.
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