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martes, 8 de noviembre de 2011

Nocturno


Anochece en mi ciudad. Se encienden las farolas, que proporcionan una luz amarillenta poco agradable, pero que ahorran energía. Los cables de electricidad siguen transmitiendo electrones a toda velocidad, que nos permitirán poner en marcha el ordenador y poder observar esta imagen. Arriba, mucho más arriba, la luna lucha por abrirse paso entre los nubarrones.

lunes, 20 de junio de 2011

Puerta sobre puerta


Si, como dice el refrán, eso de ponerle puertas al campo es algo casi imposible, en la ciudad, espacio domesticado por antonomasia, es relativamente sencillo. Y a veces, unas humildes puertas de madera no son suficientes, y se recurre a la rejeria, no sé si para dejar que los mirones puedan satisfacer sus deseos o, como sospecho, para acabar de blindar los espacios privados, que no domésticos.

sábado, 21 de mayo de 2011

Andares y otras posturas


Cuando deambulo por la ciudad, a veces intento imaginarme a la gente sin tronco, como si sus piernas fueran miembros con vida propia que invaden calles, plazas y parques. Es curioso observar lo diferentes que llegamos a ser los humanos cuando caminamos o cuando, simplemente, estamos en reposo, tanto sentados como de pie. Así, veo piernas recatadas, insolentes, titubeantes, seguras, holgazanas, todo ello sin saber el individuo que las acompaña. La ventaja es que de esta manera no tengo por qué preocuparme de los derechos de imagen... de momento.

viernes, 4 de marzo de 2011

Vidas cruzadas


Vivimos en una misma ciudad de más de cien mil almas, caminamos por las mismas calles, compramos en las mismas tiendas y llevamos a niños, ancianos y perros a pasear a los mismos parques. Pero quizá una sola vez en toda nuestra vida nos cruzamos con alguien en particular, alguien con otras historias a cuestas, que jamás volveremos a ver. ¿O sí?

viernes, 11 de febrero de 2011

Maraña urbana


Asociamos la maraña a la naturaleza, y el orden a la civilización, es decir, principalmente a la ciudad, aun cuando esta sea caótica. El simple predominio de la recta respecto a la curva nos impele a estas vinculaciones. Por eso sorprende que, en plena ciudad, todavía existan atisbos de auténtica maraña que ningún jardinero se ha atrevido, por suerte, a desenmarañar. Maravilloso espectáculo el de la espontaneidad vegetal.