Si algo admiro de la naturaleza es su capacidad de supervivencia fundamentada en la asunción del caos, consecuencia de esta lucha sin cuartel por lograr colocarse en la parte más soleada, en la más fértil, por llegar primero allí donde no hay para todos. Y lo que más admiro de los humanos es precisamente lo contrario: su empatía hacia el más débil.
Cada día de 2011, una imagen comentada a modo de almanaque visual. Para que el paso del tiempo no acabe siendo solo tiempo pasado, sino también recordado, es decir, revivido.
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martes, 6 de diciembre de 2011
viernes, 25 de noviembre de 2011
Sesgo culturalista
Que muchos somos humanos completamente desvinculados de la naturaleza es unhecho incontestable, máxime cuando suceden cosas como esta: estoy mirando estas flores -¿caléndulas?- para fotografiarlas, y en lugar de retener sus forma, colorido, pétalos, pistilo, tallo y demás, solo me viene a las mientes los floreros pintados por Van Gogh. ¿Necesito una purga mental?
jueves, 18 de agosto de 2011
La diagonal
En la naturaleza apenas existen las rectas. Las formas orgánicas, sobre todo, prefieren las curvas. La pregunta que me formulo ante esta imagen es que, si las sombras pertenecen a la naturaleza o, como mínimo, a lo natural -luz natural del sol, aquí-, porque se muestra tan rotundamente recta. Algo tendrá que ver el edificio que se interpone entre la luz solar y la pared, edificio artificial; pared artificial; ¿artificial también nuestra mirada?
miércoles, 13 de abril de 2011
El toque de la civilización
Podría ser el Amazonas; podría ser el Orinoco, pero es el Onyar, el río impostor que, en realidad, suele ser un riachuelo. Toda la apariencia de paraje remoto y salvaje se pierde por un detalle delator: el reflejo de las farolas de tres brazos en el agua. El toque de la civilización rompe el espejismo, o quizá forja uno nuevo: el de la convivencia entre naturaleza y humanidad.
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lunes, 21 de marzo de 2011
La paradoja de la botánica
Para un lego en la materia como yo, la existencia de las plantas acuáticas constituye una de las mayores paradojas de la naturaleza. La semilla de la planta, con varios centímetros de tierra por encima, no solo tiene que atravesar esta, sino también el agua que recubre estos lodos. Es un doble salto mortal, y exitoso. No es extraño, tras tal esfuerzo, la imagen de decrepitud que muestran.
martes, 22 de febrero de 2011
Los paraísos perdidos
No soy tan ingenuo como para pensar que toda arboleda y todo prado es naturaleza espontánea pero, aunque no lo sea, implica una participación de esta preponderante. El problema surge cuando los artefactos humanos ocupan sin recato los espacios en los que deberían supeditarse a la vegetación; el problema, en definitiva, es la falta de recato de nuestra civilización, sin el cual la integración no es posible.
viernes, 11 de febrero de 2011
Maraña urbana
Asociamos la maraña a la naturaleza, y el orden a la civilización, es decir, principalmente a la ciudad, aun cuando esta sea caótica. El simple predominio de la recta respecto a la curva nos impele a estas vinculaciones. Por eso sorprende que, en plena ciudad, todavía existan atisbos de auténtica maraña que ningún jardinero se ha atrevido, por suerte, a desenmarañar. Maravilloso espectáculo el de la espontaneidad vegetal.
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