De entre nuestros espacios íntimos, los que se llevan la palma son dos: el retrete y el dormitorio. Ahí, al abrigo de miradas extrañas, tienen lugar algunos de los actos más importantes de nuestra vida: excretar y orinar, y dormir y engrendrar. Solo nos falta la cocina para lograr nuestro triángulo de las Bermudas, dentro del que no se puede entrar. Sin embargo, es un triángulo imperfecto: la cocina se está convirtiendo en un patio al aire libre.
Cada día de 2011, una imagen comentada a modo de almanaque visual. Para que el paso del tiempo no acabe siendo solo tiempo pasado, sino también recordado, es decir, revivido.
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viernes, 22 de julio de 2011
sábado, 30 de abril de 2011
El patio del parvulario
Y seguimos con lo inquietante: el patio de un parvulario. ¿Y qué tiene de enigmático un espacio particularmente accesible, domesticado, acogedor? La ausencia de niños, el silencio que rezuma esta imagen, con rastros de vida pero sin palpitaciones, sin vida en presente, por tanto. No sé por qué, pero me remite a una escuela japonesa tras los recientes escapes radiactivos de Fukushima.
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