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sábado, 30 de abril de 2011

El patio del parvulario


Y seguimos con lo inquietante: el patio de un parvulario. ¿Y qué tiene de enigmático un espacio particularmente accesible, domesticado, acogedor? La ausencia de niños, el silencio que rezuma esta imagen, con rastros de vida pero sin palpitaciones, sin vida en presente, por tanto. No sé por qué, pero me remite a una escuela japonesa tras los recientes escapes radiactivos de  Fukushima.

viernes, 1 de abril de 2011

Silueta


El enorme poder de una silueta -nada más que una sombra en realidad-, radica en que constituye la presencia de una ausencia, lo que equivale a enigmático y, con él, a una retahíla de preguntas: ¿es un hombre o una mujer? ¿viejo o joven? ¿desnudo o vestido? ¿guapo o feo?, y mil más. Solo tenemos un agarradero, que es el de la certidumbre de la existencia. A partir de ella, el infinito.

martes, 15 de febrero de 2011

Ni bodegón, ni naturaleza muerta


Es difícil enmarcar esta fotografía en un género determinado. No es un bodegón, porque no se muestran alimentos ni flores; tampoco es una naturaleza muerta, porque no hay animales muertos. ¿Qué es, entonces? No lo sé; su género me resulta indiferente, pero no así su forma ni la connotación de la imagen. Es el escritorio de mi hijo, captado en su ausencia, que me remite a su presencia.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Desde la ventana de mi departamento


Así se ve el mundo desde la ventana de mi departamento. Es una luminosa y fría mañana, y en el patio del instituto apenas hay algún que otro estudiante. Parece que los árboles, en ausencia de estos, se arroguen el protagonismo. Y es que la suya es siempre una presencia silenciosa, de aquellas que echamos en falta solo cuando físicamente no están: desierto no es la ausencia de personas o animales; desierto es la ausencia de árboles.