El silencio es oscuro. Tal vez porque equivale a falta de comunicación y, por ende, a lo misterio y, por ende, a lo oscuro, que siempre casa bien con el misterio. Pero también sería posible que el silencio fuera más elocuente que la verborrea y los vistosos ademanes y entonces, con una fuerza tal, debería asociarse con el fulgor de la luz, deslumbrante. Como el verdadero silencio.
Cada día de 2011, una imagen comentada a modo de almanaque visual. Para que el paso del tiempo no acabe siendo solo tiempo pasado, sino también recordado, es decir, revivido.
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viernes, 5 de agosto de 2011
sábado, 30 de abril de 2011
El patio del parvulario
Y seguimos con lo inquietante: el patio de un parvulario. ¿Y qué tiene de enigmático un espacio particularmente accesible, domesticado, acogedor? La ausencia de niños, el silencio que rezuma esta imagen, con rastros de vida pero sin palpitaciones, sin vida en presente, por tanto. No sé por qué, pero me remite a una escuela japonesa tras los recientes escapes radiactivos de Fukushima.
domingo, 6 de marzo de 2011
En movimiento
A pesar de que concebimos el domingo como el día de descanso, y por ende, de quietud, parece que nos esforcemos por llevarle la contraria, y nos movemos más que el resto de la semana. O mejor, nos movemos de forma diferente. No hay un dirigirse a, sino un deambular; no hay un motor de por medio, sino las piernas o la bici, renacida tras unos dias de letargo. Tal vez tengamos remordimientos por descansar; tal vez nos dé pavor la quietud, el silencio y la serenidad a que estos nos conducen. Sin coche.
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viernes, 4 de febrero de 2011
Un día...
El sol se está poniendo, y aprovecho los últimos rayos para captar el parque infantil, ya desierto, o mejor dicho, el efecto de la luz casi rasante en la grava y el silencio de la escena. Son extraños estos lugares, ideados para la chiquillería y sus gritos, cuando al final del día la quietud se enseñorea de ellos. Porque dejan de ser parques para convertirse en descampados.
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