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domingo, 11 de diciembre de 2011

Larga exposición


En fotografía, utilizar velocidades de exposición lentas -y podemos considerar lentas todas aquellas que pasen de la centésima de segundo-, es un recurso con el cual a veces se obtienen resultados interesantes, pero que suelen depender demasiado de lo fortuito. Y, cuando como en este caso, se va a cien por hora en un coche, todo es posible. 

lunes, 21 de noviembre de 2011

La comodidad de la jaula


Llueve; bueno, más que llover, diluvia, pero poco me importa, porque contemplo a la raquítica parra soportando los embates del agua desde mi jaula de cristal, desde mi coche. Es curiosa la proliferación de cristaleras en nuestra época, supuesto que se fundamentan en una falsedad: aunque aparentan vincularnos al exterior y hacernos partícipes de lo que en él sucede, nos aislan en nuestras confortables jaulas de cristal.

viernes, 28 de octubre de 2011

Línea discontinua


O farola reflejada, o asfalto mojado, o incluso tímido bordillo; todos estos elementos, en principio independientes, ceden parte de su soberanía para conformar partes de un todo, de una historia fruto de la contingencia: a la salida del trabajo de un pesado día el fotógrafo, antes de subirse a su coche, ha desplegado el paraguas, ha cobijado su cámara bajo su amparo y, triste la jornada, ha decidido encuadrar el suelo en lugar del cielo. Discontinuidades de la vida.

viernes, 27 de mayo de 2011

Escudriñando bajo el coche


El chasis y el bastidor de los coches no nos mira nadie, salvo los mecánicos y, desgraciadamente, los amenazados por los terroristas, y eso que contienen piezas extrañas para los legos como yo, no exentas de interés. Creo que es un problema de comodidad: preferimos considerar como un agujero negro todo lo que sea agacharnos más de lo imprescindible. Tendríamos que dedicarnos un poco al yoga, por eso de ampliar horizontes físicos.

lunes, 7 de marzo de 2011

Desangelados aparcamientos


Los aparcamientos, como este de un supermercado, siempre me han parecido uno de los lugares más desangelados de las ciudades. Le doy vueltas al porqué, y no se me ocurre nada más que pensar que en ellos el anonimato, más que salvaguardarse, impera por naturaleza. Llega la gente en su coche, coge su carro, mete en él sus productos, paga con su dinero y se va a su casa. El dominio del posesivo es abrumador y, claro está, tanto posesivo nos aboca al anonimato.

domingo, 6 de marzo de 2011

En movimiento


A pesar de que concebimos el domingo como el día de descanso, y por ende, de quietud, parece que nos esforcemos por llevarle la contraria, y nos movemos más que el resto de la semana. O mejor, nos movemos de forma diferente. No hay un dirigirse a, sino un deambular; no hay un motor de por medio, sino las piernas o la bici, renacida tras unos dias de letargo. Tal vez tengamos remordimientos por descansar; tal vez nos dé pavor la quietud, el silencio y la serenidad a que estos nos conducen. Sin coche.

martes, 1 de marzo de 2011

Mundos paralelos


He aquí dos mundos, separados tan solo por el reflejo de un espejo de 3 mm de grosor. Uno es gris, triste, industrial, constreñido por unas verjas; el otro es alegre, vivo, dotado de vegetación y de un cielo azul esperanza. Quizá solo sea, más que una imagen reflejada en un espejo, un auténtico espejismo, el que vislumbramos al mirar atrás e idealizar lo que hemos perdido. ¿Las llaves del coche?