Las imágenes de paisajes que no comprenden ni siquiera una parte de cielo siempre son inquietantes. Parecen que desafían la lógica de nuestra visión que, en condiciones normales, está avezada a captar el suelo, un nivel medio o medio alto en el que se alzan edificios, vegetación, objetos y animales, y un nivel superior, el cielo, que corona la composición. Un paisaje sin cielo es, por ende, como un rey sin corona. Un soplo de aire fresco, en definitiva.
Cada día de 2011, una imagen comentada a modo de almanaque visual. Para que el paso del tiempo no acabe siendo solo tiempo pasado, sino también recordado, es decir, revivido.
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miércoles, 16 de noviembre de 2011
lunes, 26 de septiembre de 2011
Sobreexposición o la uralita a modo de cuadro
Es una pared medianera cualquiera, pero nuestra mirada la puede convertir en única. Hacemos una lectura de luz para que la imagen resulte sobreexpuesta, incluimos en el encuadre algún motivo que dé una nota de color y que acreciente la gama tonal, como la vegetación, y captamos un objeto o parte de él de forma que se nos antoje poco familiar, como una placa de uralita a modo de cuadro. La comida está en la mesa.
martes, 1 de marzo de 2011
Mundos paralelos
He aquí dos mundos, separados tan solo por el reflejo de un espejo de 3 mm de grosor. Uno es gris, triste, industrial, constreñido por unas verjas; el otro es alegre, vivo, dotado de vegetación y de un cielo azul esperanza. Quizá solo sea, más que una imagen reflejada en un espejo, un auténtico espejismo, el que vislumbramos al mirar atrás e idealizar lo que hemos perdido. ¿Las llaves del coche?
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