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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Con el cielo no hemos topado


Las imágenes de paisajes que no comprenden ni siquiera una parte de cielo siempre son inquietantes. Parecen que desafían la lógica de nuestra visión que, en condiciones normales, está avezada a captar el suelo, un nivel medio o medio alto en el que se alzan edificios, vegetación, objetos y animales, y un nivel superior, el cielo, que corona la composición. Un paisaje sin cielo es, por ende, como un rey sin corona. Un soplo de aire fresco, en definitiva.

lunes, 14 de marzo de 2011

El rastro de los chorreones


Los chorreones pueden ser un asco, si uno es el dueño del edificio en que aparecen, o un rastro con gran poder evocativo, e incluso estético, si uno es un paseante que se detiene a contemplarlos. Ante este, por ejemplo, me asaltan preguntas como: "¿estará esta casa abandonada? ¿acaso sus moradores no tienen dinero para arreglar el bajante y repintar la pared? ¿cuántas veces ha tenido que llover para que el musgo haya brotado ahí? Y la más intrigante: ¿qué manos habrán hecho el apaño del cable coaxial? Al final, acaban cayendo más preguntas que agua por la tubería.

sábado, 26 de febrero de 2011

Sobre las paredes medianeras


Las paredes medianeras son como las faltas de ortografía en los escritos: por muy interesante que sea el relato, lastran su valía. De poco sirve que los edificios muestren sus magníficas fachadas si en los laterales el viandante puede observar las miserias de las paredes medianeras. ¿Y por qué son tan horribles? Porque exhiben su esqueleto sin pudor -fábrica de ladrillo- o aburren por su monotonía -tabiques de fibrocemento-, y siempre recurren a la más gris de las opciones cromática: la monocromía.