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jueves, 22 de diciembre de 2011

Bodegón tecnológico


Cuando pensamos en un bodegón, nos vienen a las mientes imágenes de alimentos, de flores, de objetos inanimados... pero nunca se nos ocurre relacionarlo con aparatos o dispositivos digitales. Y, ya que estos se han incorporado con tanta fuerza a nuestras vidas, "la normalización" pasaría por considerarlos también potencialmente bodegones.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Bodegón plastificado


Los bodegones son monumentos a la escatología, supuesto que la descontextualización de elementos perecederos suscita en nosotros ideas sobre el sentido de la vida, su duración y la fugacidad de los placeres. El problema surge cuando, en lugar de jarrones de flores aún lozanas, pero cortadas, o sea, potencialmente mustias, nos las vemos con flores de plástico. Quizá nos generen ideas de plástico... y ya se sabe que la duración de este material es limitada.

domingo, 30 de octubre de 2011

Puntos de vista


Lo extraordinario de escudriñar el mundo tridimensional es que los puntos de vista que podemos adoptar son innumerables. Se podría establecer, incluso, una regla: hay tantos puntos de vista como información relevante y diferenciada pueda ofrecernos cada uno de ellos. Aquí, el ángulo nadir nos proporciona una imagen inusual de un bodegón. Pero, lo fundamental, en mi caso, ni es la información ni es lo inusual; la estética los supera a todos.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Bodegón sin alimentos


Se me hace extraño concebir una obra del género del bodegón cuando no hay ni rastro de alimentos ni, como en este caso, apenas objetos inanimados. Plantas, hojas de plantas, solo eso. Pero si recurro al sinónimo de este género, naturaleza muerta, me da más repelús aún. Porque si delata algo el verdor intenso de estas hojas es que hay vida, vida exultante. Naturaleza viva

martes, 15 de febrero de 2011

Ni bodegón, ni naturaleza muerta


Es difícil enmarcar esta fotografía en un género determinado. No es un bodegón, porque no se muestran alimentos ni flores; tampoco es una naturaleza muerta, porque no hay animales muertos. ¿Qué es, entonces? No lo sé; su género me resulta indiferente, pero no así su forma ni la connotación de la imagen. Es el escritorio de mi hijo, captado en su ausencia, que me remite a su presencia.