Se me hace extraño concebir una obra del género del bodegón cuando no hay ni rastro de alimentos ni, como en este caso, apenas objetos inanimados. Plantas, hojas de plantas, solo eso. Pero si recurro al sinónimo de este género, naturaleza muerta, me da más repelús aún. Porque si delata algo el verdor intenso de estas hojas es que hay vida, vida exultante. Naturaleza viva
Cada día de 2011, una imagen comentada a modo de almanaque visual. Para que el paso del tiempo no acabe siendo solo tiempo pasado, sino también recordado, es decir, revivido.
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viernes, 23 de septiembre de 2011
martes, 15 de febrero de 2011
Ni bodegón, ni naturaleza muerta
Es difícil enmarcar esta fotografía en un género determinado. No es un bodegón, porque no se muestran alimentos ni flores; tampoco es una naturaleza muerta, porque no hay animales muertos. ¿Qué es, entonces? No lo sé; su género me resulta indiferente, pero no así su forma ni la connotación de la imagen. Es el escritorio de mi hijo, captado en su ausencia, que me remite a su presencia.
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