Está cayendo un aguacero. Salgo a la terraza de casa y me encuentro con las dos caras de una misma moneda: la necesidad de aprovisionarnos de agua. Por un lado, dos recipientes de plástico que acumulan el agua de la lluvia; por otro, una manguera extendida que nos puede surtir de agua de Dios sabe dónde. La tragedia está en el agua que cae libremente sobre el embaldosado y que se escapará por el sumidero; la tragedia está en la pérdida, como siempre.
Cada día de 2011, una imagen comentada a modo de almanaque visual. Para que el paso del tiempo no acabe siendo solo tiempo pasado, sino también recordado, es decir, revivido.
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sábado, 12 de marzo de 2011
jueves, 17 de febrero de 2011
Llueve
Representar la lluvia misma no es fácil, aunque sí su efecto, como he hecho aquí. Me pregunto cómo se percibiría la lluvia antes de empezar a acristalar las ventanas, allá por la Edad Media, porque los cristales son el más fiel aliado de este fenómeno. Tras ellos, a resguardo, podemos contemplar estéticamente la caída del agua. Antes solo se notaba cuando el infeliz de turno se calaba hasta los huesos. Ni hay que decir que maldita la belleza que le encontraría.
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