Es un estado de fragilidad permanente por la inconmensurabilidad del cielo. Las ramas, que aún osan retener algunas hojas postreras, intentan ascender y ocupar parte del infinito que se extiende por encima, mientras que el follaje, más humilde en sus propósitos, quiere dejar su tupida huella en un área más reducida. El cielo, por su parte, se ríe de todo mientras pasea las nubes.
Cada día de 2011, una imagen comentada a modo de almanaque visual. Para que el paso del tiempo no acabe siendo solo tiempo pasado, sino también recordado, es decir, revivido.
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lunes, 19 de diciembre de 2011
miércoles, 19 de octubre de 2011
Dejar huella
No es una de las huellas de Laetoli, sino la dejada por un descontrolado que, en una fecha indeterminada, se subió al antepecho de una ventana e, involuntariamente, dejó estampada su huella en la baldosa. Y, por pura casualidad, me he asomado yo por esa ventana, cámara en mano, y la he capturado: la imagen de un vestigio dejada para quién sabe cuándo y quién.
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