Es un estado de fragilidad permanente por la inconmensurabilidad del cielo. Las ramas, que aún osan retener algunas hojas postreras, intentan ascender y ocupar parte del infinito que se extiende por encima, mientras que el follaje, más humilde en sus propósitos, quiere dejar su tupida huella en un área más reducida. El cielo, por su parte, se ríe de todo mientras pasea las nubes.
Cada día de 2011, una imagen comentada a modo de almanaque visual. Para que el paso del tiempo no acabe siendo solo tiempo pasado, sino también recordado, es decir, revivido.
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lunes, 19 de diciembre de 2011
jueves, 29 de septiembre de 2011
El rastro del vándalo
La naturaleza sigue su curso, como siempre. Unas plantas nacen, otras crecen, y otras se vuelven mustias y mueren; los árboles celebran la llegada del otoño dejando caer sus hojas, y todos se arriman al arroyo, buscando el agua que la lluvia no les ha concedido. Pasa un vándalo, tira una botella de plástico, y arruina la escena. Porque existen vándalos del paisaje que, aunque no destruyan físicamente, echan a perder los paisajes que nos alimentan visualmente.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Fugacidad
La del café que me estoy tomando cuando apreto el disparador; la de la lluvia, que empieza a hacer acto de presencia; la de los coches, que en cualquier momento pueden arrancar; la del transeúnte, que dentro de un instante dejará de aparecer en el encuadre; la de los árboles del fondo, el verdor de cuyas hojas dentro de pocas semanas desaparecerá con ellas. Huele a otoño.
lunes, 28 de marzo de 2011
Otoño en primavera
Yo, que debo admitir mi condición de ignorante en botánica, me sorprendo de estos árboles con los que topo de camino a casa. No es que tengan nada especial, sino que precisamente por lo que parece que no tienen: hojas verdes. Estamos, desde hace casi una semana, en primavera, y mantienen el aspecto mustio del otoño. Lo peor de todo es que este aspecto se contagia con suma facilidad. Suerte del color salmón de la fachada...
jueves, 24 de febrero de 2011
A contracorriente
Es aleccionador ver como, en ocasiones, hay seres que desafían lo establecido, perseveran y mantienen su posición luchando contra la lógica. Es el caso de esta hiedra, que debería haber perdido todas sus hojas en el otoño y que ahora, cercana ya la primavera, aún se resiste a perder las pocas hojas que le quedan. Acabará fracasando, pero le habrá arañado unos cuantos meses a la lógica natural.
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