Mostrando entradas con la etiqueta profundidad de campo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta profundidad de campo. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de octubre de 2011

Manzana momificada


No es frecuente salir de la cafetería y toparse con una momia. Pero así ha sido. En un agujero del muro de una casa, ajena a todo, una manzana roída prosigue con su proceso de momificación. Ha aprovechado los muchos días de calor para deshidratarse y no pudrirse. A partir de ahí, el moho ha empezado a cubrir, cual venda de lino, el cadáver. Solo resta un problema: la escasa profundidad de campo.

martes, 31 de mayo de 2011

Oquedades


Cuando me viene a las mientes la palabra hueco, suelo asociarla al de las escaleras. Cosas de los urbanitas. Sea como fuere, las cajas de escaleras tienen un interés visual innegable. El progresivo alejamiento de los diferentes tramos, su desarrollo helecoidal en algunos casos, proporciona unos juego de luces y unas posibilidades de distintas profundidades de campo casi infinitas. Incluso cuando es una caja completamente cerrada. Lo cerrado y lo infinito como conceptos complementarios. Extraño.

jueves, 28 de abril de 2011

Impromptus asfáltico


Las posibilidades estéticas de algo, en apariencia, tan tosco y carente de riqueza cromática como el asfalto de nuestras calles y carreteras son infinitas. Los pocos elementos que irrumpen en esta masa uniforme, tales como las tapas de las alcantarillas, las grietas, las líneas pintadas o los bordillos de las aceras permiten unas recreaciones geométricas rayanas en la abstracción. Es fotografía "pura": selección, profundidad de campo y composición.

jueves, 24 de marzo de 2011

Antirretrato


Cuando enfocamos el objetivo hacia nosotros mismos y, deliberadamente, podamos nuestro rostro hasta convertirlo en un plano detalle; cuando renunciamos a la profundidad de campo, cubrimos nuestros ojos -el auténtico "omphalos" del retrato-, renunciamos al maquillaje, a la depilación de las cejas e  incluso hasta a la composición equilibrada, más que autorretrato, obtenemos un antirretrato. ¿Sus ventajas? La mayor contención en la vanidad inherente a tal género.